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Todo aficionado ‘histórico’ del CB Sevilla recordará el “cómo me gusta el Caja San Fernando, ¡eh!”. Aquel cántico que un norteamericano voceó subido a la mesa arbitral tras eliminar a todo un Real Madrid en la temporada 98/99 todavía resuena en San Pablo.
Es Richard Scott (12 de julio de 1971), el único jugador que ha formado parte de las plantillas de los éxitos cajistas de la década de los 90. El norteamericano, que medía 1.99 –un centímetro menos, según la base de datos ACB–, sorprendía a todos con su buen tiro de media distancia y su rápido movimiento en el poste. Poseía todas las cualidades para hacerle uno de los grandes peligrosos de la liga y, por todos estos ingredientes, muchos le consideraban como un tres que jugaba de cuatro.
Scott contra el Madrid
Y ya en sus primeros partidos con el Caja San Fernando dejó claro que era un jugador de gran clase que prometía ‘guerra’. Con el número 11 a la espalda, llegaba a la ACB desde la plantilla EBA –a la que había llegado esa misma campaña– para sustituir al lesionado Marvin Williams… y ya en su segundo partido (domingo, 26 de noviembre de 1995) dejó claras sus intenciones en que se marcó un auténtico partidazo con 35 puntos y 9 rebotes ante todo un Juventud de Badalona cargado de figuras como Jofresa o Villacampa.
Muestras baloncestísticas como esta le sirvieron para ganarse un puesto en el equipo de la máxima categoría del baloncesto a nivel nacional y entrenar bajo la dirección de uno de los grandes inquilinos del banquillo cajista, Aleksander Petrovic, con el que conseguiría el primer subcampeonato (se perdió contra el Barça) de la, hasta entonces, corta historia del Caja San Fernando.
En este primer año con la plantilla grande, el norteamericano promedió más de 20 puntos y 6 rebotes para una valoración de 19 por partido. Además, se convirtió en pieza clave en los play off, sobre todo en las semifinales contra el Madrid tanto en la capital como en Sevilla, donde su aportación fue de 26 y 25 puntos respectivamente.
Tras esta gran temporada, el de Arkansas decidió desenrolarse de la disciplina cajista e irse a Granada un año, donde también promedió números de auténtico crack, 20,9 puntos y 7,7 rebotes. Después de este año, probó en el Turk Telecom otra temporada.
Dos años después de su marcha, volvió a Sevilla, esta vez para ponerse a las órdenes de Javier Imbroda. Hizo sociedad con otro norteamericano, André Turner, y condujeron al Caja San Fernando a realizar la mejor temporada de la historia del club, alcanzando los subtítulos de Copa (perdieron frente al por entonces Tau) y de Liga (otra vez se cruzó en su camino el todopoderoso Barça, tal como ocurrió años atrás).
ABC habla del tríode americanos del Caja,
Scott, Kidd y Anderson / ABC.es
Pero no se puede pasar por alto la importancia que tuvo el norteamericano (de nuevo, pieza clave en los partidos que disputó) en la fase final de liga. Sufrió una rotura de abductores contra el Pamesa y se le daba como baja segura, como mínimo para el resto de partidos. Sin embargo, en un alarde de coraje, ayudó a sus compañeros a conquistar el y definitivo quinto partido de la serie.
Tuvo que perderse los dos primeros partidos de semifinales que el equipo sevillano jugó y ganó en Madrid. El tercero de la serie se perdió, pero en el cuarto, el norteamericano se erigió como figura con 20 puntos.
Pero no sólo es un histórico de la historia cajista, el norteamericano también es toda una figura del palmarés de la ACB. Como muestra, un botón. Ocupar la 34ª posición como jugador que más minutos ha jugado en la historia de la ACB con 11273, el 12º lugar en puntos con 6199 o la 26ª plaza de rechaces con 2151 son algunos de sus grandes logros.
Dos años más estuvo el de Arkansas merodeando por Sevilla. En las dos jugó competición europea, en la primera disputó la Euroliga y en la segunda la extinta Copa Saporta. Tras estos dos años dos años por Sevilla, en el año 2001, el jugador norteamericano repitió aventura con su marcha a tierras nazaríes. Después dejó muestras de su baloncesto por Fuenlabrada, Bilbao y Manresa; pero siempre ha sido muy buen recibido en sus visitas a Sevilla. Su juego y entrega a ello invitaba.
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