|
El fantasma de las lesiones suele ser tan despiadado y escasamente democrático como el desatino arbitral. No afecta a todos por igual. Al Unicaja, por ejemplo, lo ha destrozado esta temporada mientras el Cajasol ha sido afortunadamente inmune a sus efectos… hasta ahora. Tiene tanto de azar como la lotería, aunque a diferencia de ésta puede tocarte el gordo sin jugarla. El Cajasol, ahora que se ha topado con que la incidencia del primer elemento podría tener una influencia decisiva, por su capacidad de desestabilización, en sus posibilidades de agenciarse una plaza de play off, puede hasta quejarse más de los desagravios sufridos por la justicia arbitral -entrecomíllese justicia o no a gusto del consumidor- que del paso por la enfermería de sus jugadores, zona casi desértica en tres cuartas partes del campeonato, salvo algún percance de Ellis, que de pronto se ha encontrado a dos inquilinos que no buscan un oasis de avituallamiento sino los cuidados de los terapeutas y masajistas con tal de que las dolencias desaparezcan lo antes posible, puedan ponerse a las órdenes de Plaza y de ahí ya al servicio del equipo. El grupo los necesita a todos por más que el técnico observe, profesionalidad obliga, que el colectivo está trabajado y dispone de los suficientes elementos para amortiguar el impacto de la ausencia de un puntal clave como Kirksay. Es así, pero…
Al infortunio del neoyorquino se une ahora Rey, al que una malhadada acción con Grimau le dejó de fatal recuerdo un esguince de tobillo que, de confirmarse su gravedad en el estadio del grado dos, como indica la primera exploración, lo puede mantener unas semanas alejado de las pistas, con Plaza obligado en esa tesitura a la recomposición de una rotación interior en la que el poste catalán ha perdido, es verdad, muchísimo peso de una temporada a otra, pasando de fijo a las órdenes de Pedro Martínez a cumplir prácticamente un rol testimonial que suele reducirse a la participación en los primeros tiempos. Es lo habitual. Y buena culpa de ello la tiene Triguero, que le ha dado sorprendentemente un giro de 360 grados a la situación. Quien antes llevaba en el carenado el dorsal uno para ejercer de primera opción en el puesto de cinco ha quedado hoy relegado a la segunda posición.
Son las lesiones para el Cajasol un enemigo nuevo por desconocido que pondrá a prueba la profundidad de su fondo de armario, coyuntura de la temporada de la que puede salir muy reforzado a poco que la baja de Rey tenga similar incidencia -se supone que ha de ser mucho menor en las prestaciones de la batería interior a la que en el último choque contra el Barcelona tuvo Kirksay en el engranaje de un Cajasol que si se resintió por la baja del alero fue únicamente en un solo apartado del juego: las recuperaciones de balón, suerte que cultiva como ningún jugador de la plantilla el nacionalizado francés y que, como dividendo más jugoso, le proporciona al equipo la posibilidad de correr en transición, a campo abierto, reduciendo así el número de veces que ha de atacar en estático. Tal argumento del arsenal cajista se echó de menos ante el Barcelona, no en los dos primeros cuartos, cuando aún la fatiga no hace mella, sino a la vuelta de vestuarios, cuando pesan las piernas y las defensas incrementan su nivel de agresividad. Si su recuerdo no se hizo presente en otros aspectos tangibles fue porque al rebote contribuyeron todos sus compañeros, en especial Triguero, y porque Douglas se fue hasta los 17 puntos dejando pinceladas de jugador con clase y galones que dan carrete a la ilusión.
|