EL REPORTAJE. Aquellos maravillosos años en Amate
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Escrito por Shadi Siblini   

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Interior del recinto: las míticas pistas y gradas de Amate

No existe información explícita hoy en día que relate las múltiples anécdotas y hazañas que forjaron la historia del Cajasol en los años en los que el baloncesto en Sevilla se fraguaba a chispas como un fuego que se intenta alimentar para que crezca cada vez más y se extienda por todo el alrededor. Y se vivió en el viejo Pabellón del Parque Amate, donde el todavía por aquel entonces Caja San Fernando, su afición y todos los miembros que componían el Club Baloncesto Sevilla, luchaban para la honra de que tarde o temprano, lograran alcanzar la gloria de ser uno de los equipos más importantes de la ACB, como lo es desde entonces hasta nuestros días.

Pero qué mejor libro o publicación para explicar lo que significó en aquella época ese recinto en el barrio del mismo nombre, que dos ilustres hombres que vivieron cada uno de los días de la vida de Amate en la historia del Caja y que a día de hoy siguen ligados al club de maneras distintas pero con la mayor dedicación posible en cada uno de sus puestos que ahora desempeñan.

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Chus Llano, ex jugador del Caja y  Director de Marketing

del Club en la actualidad

Jesús “Chus” Llano, ejerce en estos momentos la función de Director de Marketing del Cajasol, pero antaño fue un alero de 1.99, de origen vitoriano y que llegó a las filas del Caja procedente del Caja Bilbao en el año 1988. Desde ese año hasta la temporada 95/96, formó parte del conjunto sevillano, estando el primer curso aún en Primera B y el último en la Liga EBA.

Antonio Benavente trabaja actualmente en labores de mantenimiento durante las sesiones de entrenamientos y partidos del equipo, e incluso hace horas extras para que todo esté preparado en el Palacio de Deportes y nada falle durante la duración de los mismos. Lleva ligado al Club Baloncesto Sevilla 20 años y ha pasado por todas las etapas de la historia del Caja.

Con la nostalgia con la que recuerdan aquellos maravillosos años y con el cariño que desprendieron con sus palabras sólo queda contar lo que en textos no está escrito pero que en la memoria se conserva fielmente.

La cronología de los hechos que se dieron cita en Amate parte del año 1988, cuando la Gerencia de la Junta del Caja decide contactar y entablar conversaciones con la Asociación de Vecinos de El Trébol, el barrio donde se situaba la zona en la que estaba afincado y está todavía hoy, el Pabellón del Centro Deportivo Amate. La causa de la utilización de Amate residía en la necesidad de encontrar un lugar donde pudieran instalarse y realizar su trabajo el Caja San Fernando, puesto que, aunque el Palacio de Deportes de San Pablo ya había sido construido; el carácter frío del Pabellón en sí y sobre todo, que éste se había edificado en un principio con vistas a competiciones de atletismo en pista cubierta, y que el montaje de la misma ocasionaba problemas a la hora de adaptarlo para la práctica del basket, tuvo que buscarse la institución una alternativa para resolver tales circunstancias.

El baloncesto en Sevilla era un fenómeno que no levantaba una expectación numerosa e parte por el desconocimiento que existía en la ciudad en el deporte de la canasta, comparado con otros puntos de la geografía española. Mientras el fútbol y los toros ocupaban todo el espacio de interés y ocio para el sevillano, faltaba un requisito esencial que se plasmara en la imagen de un equipo profesional de referencia para el captar la atención del público.

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Antonio Benavente, ayudante de mantenimiento del club

Uniendo las anteriores pautas, el nombrado Antonio Benavente, se encargaba de la tesorería de la Asociación de Vecinos, y junto a él, otros miembros de la misma se pusieron manos a la obra y hacer campaña para acercar y volcar a la gente de la barriada y alrededores para apoyar al equipo en los partidos y crear una afición permanente comprometiéndose a mejorar la situación del barrio y a hacer la fiesta del ascenso que se produjo tiempo después y celebrar las victorias en cada encuentro que disputaba del Caja, en el emplazamiento donde se situaba la asociación.

Un ejemplo de que con los años no ha pasado inadvertido el periodo en el que el equipo tenía su residencia allí, se puede encontrar en la Peña Sevillista Diego de la Calle Eva Cervantes, donde se puede ver un precioso cuadro en el cual figura una foto del conjunto sevillano dedicada la agrupación durante la etapa de Imbroda como entrenador. Durante tres temporadas y parte de las dos siguientes (en las que se alternaba con San Pablo, quedándose Amate como sede provisional) desde la 88/89, el trabajo se efectuaba el día antes de los partidos y entrenamientos en las que una cuadrilla de vecinos se encargaban de montar las gradas supletorias en las partes huecas bajo la instalación original del graderío y las canastas que aún cuelgan del techo del Pabellón aunque más tarde se trasladaban los tableros desde el Palacio de Deportes en una ardua tarea de camiones y cargas para que todo estuviera listo cuando se requería.

Chus Llano cerraba los ojos e intentaba hacer retrospectiva de aquella ubicación, y nos hablaba de la pista de madera que tanto añoran los jugadores de ese ciclo y que de tan ayuda era para que el ejercicio del baloncesto fuera tan sencillo y fácil de practicar como la comodidad y lo acogedora que resultaba el día a día en ese espacio. Esa sensación de lleno y de cercanía que otorgaba Amate con respecto al vigente Pabellón, y más cuando se pegó el salto de pasar de los 1500 o 2000 espectadores que acudían al recinto, a los 5000 que más tarde se personaban para animar sin parar a sus estrellas, tanto por cuestiones burocráticas en las que la institución tuvo que realizar reformas; pues la ACB obligaba a tener una capacidad mínima en la categoría, como el auge que se produjo tras el ascenso de 1989 ante el Syrius Patronato de Mallorca, instante en el que la dimensión del Caja se extendió rápidamente. El emblema de ese partido así como del escenario donde se produjeron las primeras victorias contra los grandes; recordaba Llano el memorable choque contra el Barcelona titulándolo él mismo como “una verdadera pasada” se cimentó en la cancha de Amate.

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Jardín del Parque Amate

Por entonces, los jugadores del Club Baloncesto Sevilla provenían casi en su totalidad de diferentes lugares del país a parte de los extranjeros con excepciones como la de Raúl Pérez. Y a pesar de que en los inicio el nivel personal predominaba en los componentes de aquella plantilla, el sentimiento de arraigo que provocó el calor del público sevillano, las primeras peñas que se creaban como fueron “Cacahuete” y “Sin Tapón” entre las más conocidas, mostraron su afecto y compromiso recíproco con el escudo del Caja y la sociedad que les rodeaba.

Aquella mítica escuadra de José Alberto Pesquera que compusieron los Lafuente, Pérez, Lockhart, Herrera, y el nombrado Llano entre otros, aún se reúnen de vez en cuando (unos más que otros por sus respectivas situaciones de trabajo en estos momentos) para rememorar anécdotas y compartir sensaciones seguro, sobre la inmediata realidad del equipo que defendieron en su día.

Y como la nostalgia debe promoverse a raíz de detalles curiosos que al menos al ser relatadas de nuevo te provoquen una sonrisa para los que estuvieron presentes cuando se produjo y una mirada de ganas por saber qué pasó para los jóvenes que ahora representan el futuro del Cajasol; nadie olvidará nunca aquel perro que el vigilante de seguridad siempre llevaba a su lado y que tanto pánico provocaba a los jugadores al pasar junto a él por miedo a ser mordidos, como aquel partido del Caja contra el Collado Villalba de Madrid, que presidía el archiconocido y ya fallecido Jesús Gil, cuando antes de empezar el partido, la luz del Pabellón de Amate y por extensión de toda la barriada se fue de forma repentina ante la sorpresa de todos las personas que esa tarde se convocaban para disfrutar del encuentro que finalmente tras una hora aproximadamente de retraso se terminó jugando.

Todo gran conjunto se fundamenta en tres grandes pilares: una directiva potente junto con un gran vestuario de entrenadores y jugadores, una gran afición que se deje la piel todos los Domingos alentando a su equipo de toda la vida, y un lugar que sirva de símbolo perdurando en la retina de todos los anales. Y Amate sin duda perpetuará ese nombre en el corazón del Caja por siempre.

Comentarios (1)
1 Domingo, 13 de Diciembre de 2009 17:22
Dani
Por favor un poquito más de sintaxis en la entradilla del reportaje, es inteligible; se mezclan los tiempos verbales y las palabras se aglutinan en un par de frases que aprecen un trabalenguas. Si aún no se está a la altura de los grandes profesionales de la comunicación, no hagamos inventos raros: Sujeto-Verbo-Predicado Tus lectores te lo agradecerán. Un saludo y seguid así, al menos se habla del Caja.

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